Ellos y ellas están de enhorabuena.
Concluyéronse, es verdad, con profunda penda de todos, las magníficas veladas del Paseo, pero la alegre juventud abre nuevamente las puertas del Casino para continuar en sus salones los bailes familiares donde el vendado niño se prepara a lanzar amorosas flechas, cuyas heridas son perfectamente incurables mientras no las cure el cura.
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