Un caballero anciano y muy rico, sin más pariente que una hermana sin hijos que también posee gran caudal, acaba de morir en un pueblo de Sevilla, legando todos sus bienes a los pobres de aquella población, es decir, a todos los vecinos que no pagan contribución directa. Según El Español de Sevilla, viene a corresponder a cada uno de 10 a 12.000 reales.
La hermana, que vive en un pueblo inmediato, se afectó de tal modo al saber la muerte de aquél, que cayó gravemente enferma, otorgando un testamento análogo, por el que deja sus bienes a sus convecinos pobres.
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