Hace días hicimos al señor administrador general de correos una indicación que reviste más importancia de la que a primera vista parece. Tal es la de que los carteros debieran ir provistos de un cajoncito suspendido con una correa delante, en la cual llevarán guardada la correspondencia en vez de llevarla en la mano o bajo del brazo, lo que tiene grandes inconvenientes, no sólo por el riesgo que corre de que fácilmente pueda caerse una carta, por cuidadosos que sean con son nuestros carteros, sino por otros motivos que se explican teniendo en cuenta lo sagrada que es la correspondencia.
Y si esta útil innovación es necesaria en Bilbao, lo es más aún en las carterías rurales, en donde el cartero tiene que recorrer largas distancias llevando en la mano las cartas y periódicos.
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