El miércoles llegó a San Sebastián el vapor de aquella matrícula El Explorador, remolcando una embarcación de pesca francesa, tripulada por 5 hombres. Estos desgraciados salieron del puerto francés a sus acostumbradas faenas de la pesca, cuando fueron sorprendidos por la tempestad y llevados a merced del viento y de las olas. El capitán y dos marineros desaparecieron del buque arrebatados por el mar.
Rotas las brújulas y sin sol y sin estrellas en el cielo que les indicase el rumbo del barco, los 5 desgraciados ignoraban a dónde les llevaba la tempestad. Vieron dos o tres vapores, pero no fueron socorridos hasta que El Explorador tuvo la fortuna de ver al buque náufrago.
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